lunes, 25 de noviembre de 2013

EL VALOR.



La vida es un espacio de tiempo muy limitado. Curiosamente todos estamos formados de polvo de estrellas (entre 13.761 y 13.835 millones de años). Compartimos temores, alegrías, penas y algunos momentos de felicidad imborrables. Yo recuerdo cuando comencé mi experiencia como investigador en la Clínica "Puerta de Hierro" y emprendimos la emoción de los trasplantes de órganos en España. Recuerdo mis tiempos de penurias, de dolor, cuando fracasábamos, cuando una vida continuaba, cuando fui olvidado. Recuerdo cuando renací en nuevas profesiones y aventuras -demasiadas para ser citadas aquí-. No olvido mis orígenes y no temo mi final. Si buscáis una buena historia jamás la busquéis en mi.

Sé que no sé nada aunque algunos se empeñen en que sé algo. Sé que importa lo que cada mañana al levantarme me propongo como importarme y que solo consigo en contadas ocasiones. Tampoco es demasiado importante no llegar. Si importa el camino recorrido.

Sé que de alguna manera (unas merecidas y otras menos), quiero a mi gente y la gente me quiere.

Importa lo que soy, lo que siento, lo que me hace feliz, lo que me duele. No importa si gusta o no. No importa la gente que amo sin saberse amada. No importa que, llegado el otoño de mi vida, la hoja caiga y nadie la recoja para usarla como separador de páginas de un libro hermoso. No importa que la hoja se pise, que se embarre. Importa para mi haberos compartido entre la locura y la más extremas de las corduras (esa que tortura siempre). Importa haberos acariciado sin tocaros. Importa haberos escuchado sin oíros. Importa miraros sin haberos visto.

Importa la esperanza de que alguna vez, si os acodáis de mi, una sonrisa se dibuje en vuestra boca y que de vuestra boca vaya a otra boca de un total desconocido...ser solo una sonrisa, una más, siempre bella, siempre reconfortante, siempre vuestra.












martes, 28 de febrero de 2012

LÁGRIMAS SOBRE ESPEJO AZUL


Llegó y vio el mar. No le importó el cansancio ni el absurdo atasco. Absurdo, porque parece que l
os que habitamos en Madrid tenemos que escapar con una frecuencia marcada por cualquier lapso de tiempo que supere más de un día. No hay cuidado, se repite mil veces el desplazamiento en masa de “los hijos del agobio”.
Como decía: Vio el mar y el mar le vio a él, se dijeron “hola” a su manera, cómplice y canalla al mismo tiempo. Sin amores y sin odios, pero unidos por los recuerdos a modo de cadenas que ni el tiempo ni las circunstancias son capaces de romper porque no quieren ser rotas. Abrió su camisa discretamente porque así le gustaba a ella. El pecho amplio y acogedor como un salón con chimenea en un invierno frio. Respiró con profundidad para no ahogarse como un pez fuera del agua.

Miró a su niña, ya no tan niña. Miró el mar, ya no tan misterioso ni tan guardián del pasado, y se miró en el espejo del alma de sí mismo para volver a dejar caer una lágrima en su honor. Una gota para alimentar recuerdos imborrables. Y, como cada sábado, a aquella lágrima la siguieron otras, cálidas e intangibles, no conscientes sabedoras de que la niña le observaba. Y, en cada lágrima, se reflejaron de repente todas las playas compartidas. El sol, mojado de lágrima de aquel hombre, subió a lo alto para cegarle la melancolía, pero hombre es el hombre y amor es del que ama.

Viéndole, me parece el ser más hermoso de esa playa. Me parece desnudo, flexible y dispuesto a seguir adelante nadie sabe dónde, cuando, por qué ni cómo.

De repente, el hombre grita un nombre con voz profunda, gutural, un tanto desgarrada, y calla al viento y a las olas. Calla al universo entero, al que mataría si encontrase en él un poquito de culpa de ninguna de sus culpas. Todo se detiene, el tiempo viaja hacia atrás y hacia adelante en un juego cuántico, y el hombre abre sus brazos para abrazar su vacío.
El hombre vuelve en sí cuando la niña le reclama para darse juntos un baño. Se va el Dios que fue para ella y vuelve el hombre, llorando aún, pero feliz de compartir ese mismo mar con la niña. Se vuelve envuelto por la espuma compartida hace tantos años. Se fue y vino, mi querido amigo, en diez minutos de gloria de ser hombre, amor y espuma de mar.

miércoles, 22 de febrero de 2012

A MODO DE PRESENTACIÓN




Hace tiempo decidí comenzar la difícil tarea de escribir un Blog. La traducción al español de Blog la desconozco, y supongo, que ha de ser una especie de lienzo en blanco donde los pensamientos de un anónimo fluyen y se comparten. Páginas del alma que el tiempo, el espacio y las circunstancias van rellenando según el punto de vista personal. Me refiero a la percepción de cada cual y no a la realidad posiblemente más aburrida y más compartida de los que creemos en nuestro constante devenir entre  el “yo” personal y el “yo” público, que por regla general se parecen en muy poco.
A fin de cuentas, creo que todos cargamos con el mismo saco y puede variar el peso o el contenido, pero no somos tan diferentes como en realidad nos gustaría creer o sentir.

He pasado de los cincuenta, y me creo en cierto modo con los derechos propios de esta edad: el derecho a recordar, el derecho a compartir, a saltarme ciertas reglas, a no callar lo evidente, a maldecir lo maldito y, en definitiva, a largar por los codos y que, con suerte, alguien te ponga oído y te ame o te odie por ello. De la misma forma, y en un equilibrio casi homeostático, me creo también en la obligación de mostrar una serie de vivencias por las que sin duda pasarán esta y las generaciones venideras, no como advertencia, señal de peligro o desasosiego sino todo lo contrario, con la esperanza que viendo al burro tropezar tres veces saltemos la piedra y evitemos lo inevitable en la medida de lo posible viendo al amigo descubrir al extraño, al amante descubrir el sentido de la vida, al ignorante descubrir la verdad, la verdad que nos sirve de palanca y lo que tiene de hermoso y patético el propio existir. Por cierto, creo que a todo esto, ahora lo llaman “Coaching”. Me refiero al juego de compartir experiencias y cambiar el rumbo de las cosas mediante recetas “suficientemente contrastadas” para mejorar nuestra existencia. Lo de para mejorar queda a criterio del consumidor y “cargue usted con las consecuencias”.

Concretando, y por no cansar a nadie nada más empezar: Lo que aquí se escriba serán retazos del pensamiento de un hombre, como cualquier otro, que siente, goza y sufre, que no va a descubrir, ni lo pretende, nada nuevo ni nada antiguo. Lo que aquí escriba será mi aventura personal, unas veces en prosa y otras en verso (que también es necesario, útil y estético).

Opinaré y pretendo que se me opine y que se me contra-opine. Que se haga de este Blog algo dinámico para disfrutar. Y, si os preguntáis sobre qué temas en concreto, no existirá lo concreto, surgirá sobre la marcha, como surge la vida, como fluye el agua, como circula la sangre.

Cualquier forma de expresión, si es sincera, es digna de respeto. Espero disfrutar lo que me quede escribiendo sobre lo bonito y lo feo, sobre lo mejorable y lo que debe desaparecer, sobre la poesía y la prosa y, por qué no, sobre mis proyectos literarios de los que espero pronto adelantaros algo con la ayuda de unos cuantos amigos ya entrenados en esto. Gente única y valiente que, lejos de esconder sus sentimientos, algo muy de nuestra época, enseñan sus almas dándole la vuelta al calcetín que guarda sus sueños, sus inquietudes y a sí mismos “dados la vuelta”.

Espero sinceramente que todos disfrutemos. Para el que suscribe será un ejercicio de reencuentro y sobre todo de crecimiento y humildad. Para vosotros espero que sea a donde os lleven las palabras, ese espacio abierto y libre donde poder derramar lo que sobra o lo que enriquece al suelo para que la vida siga su curso. Porque a veces las palabras es lo que nos queda. Nos quedan las palabras.